«Invertir en renovables según las modas del momento es un riesgo»

Última modificación 26 marzo, 2019

Varios investigadores sostienen que la apuesta por una tecnología exige, al menos, veinte años de trabajo en el laboratorio

El problema de las modas en el ámbito energético es que no duran lo suficiente. Mientras una tendencia hacia un tipo de explotación (sea solar, eólica, hidráulica, etc) no supera los tres o cuatro años, un proyecto investigador que cuaje en una tecnología sólida para sacarle partido necesita una media de veinte años.

«Es el riesgo que sufrimos si nos regimos por la moda del momento para afrontar el desarrollo de estas tecnologías. Deberíamos fijar más los plazos según los criterios científicos. Y en eso se deben incluir las administraciones, responsables de promover y primar dichas explotaciones».

Las palabras de Víctor Antonio de la Peña, investigador del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMEA Energía) adquieren tono reivindicativo cuando se refiere a la responsabilidad que ha de mover el avance hacia estas energías renovables. Un cambio de futuro irrefutable. «La dependencia española exterior en materia energética alcanza el 77%», concretaba ayer en La Magdalena David Pedro Serrano, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, participante del curso ‘Energía y Catálisis: nuevos retos para un desarrollo sostenible’, al que también se sumó el director del Centro Nacional de Hidrógeno, Manuel Montes.

El cambio de rumbo no pasa por una única solución, «más bien por un compendio de varios arreglos que llevarán a que, al final, convivan diferentes tipos de energías al mismo tiempo», matizaba Montes. Fue él quien apostó especialmente por el hidrógeno.

«La tecnología de la pila de hidrógeno en funcionamiento para los coches ya es una realidad. Lo único que hace falta es comercializar esta tecnología», concretó. Presentó al hidrógeno como remedio factible a los problemas que hoy plantea el almacenamiento de energía procedente de las fuentes renovables.

Pilas de hidrógeno

«Aún no se ha resuelto el problema de qué hacer con toda la energía que se produce durante el día en las plantas fotovoltaicas. ¿Cómo podemos almacenar la energía producida en verano para usarla en invierno? Igual ocurre con la eólica y con la alternancia de días de viento. Las baterías de hidrógeno permiten conservar toda esa energía excedente para ser usada en otro momento», concretó el director del Centro Nacional de Hidrógeno al explicar que este elemento puede ser el que normalice el uso de estas energías en el mercado.

Ninguno de los expertos reunidos ayer en el monográfico que durante esta semana acoge la UIMP habló de un cambio de panorama energético a corto plazo. «Pero España debe ser consciente de que el tiempo de los combustibles fósiles está llegando a su fin y que la geografía de nuestro país nos convierte en materia prima para el aprovechamiento del viento, del aire y de los cultivos para biocombustibles», completó Serrano.